Juego, libertad y confianza

Two beautiful little girls swinging on swings on playground with smile on sunny summer day

Ya en el parque de diversiones, la señora y sus tres hijos estaban impresionados conmigo por la agilidad con la que me veían balancearme de los tubos. Papi, desde muy pequeña me ha permitido hacer lo que quiera en el parque, siempre con una mano cerca de mi espalda o agarrándome una mano. Con el tiempo, ha terminado confiando en mí. Durante el aprendizaje, me caí unas cuantas veces y ambos sabemos que esas caídas me enseñaron dónde colocar mis manos y mis pies. Por las palabras que me dirigen, aprendo poco; la cosa es diferente cuando hago las cosas por mí misma. Y hacer me fortalece, me da confianza en mí misma, levanta en mi interior muros infranqueables. Esos niños grandes y pusilánimes de aquella señora me dan pena, les espera mucho sufrimiento por delante si no se entregan a vivir sus vidas y a hacerse fuertes desde ya.

Los adultos no saben descansar

Baby girl sleeping

Son las siete y media de la noche. Papi acaba de llegar a casa y salgo de la habitación, corriendo, a saludarlo. Me besa, me abraza y luego pide permiso para bañarse. A su regreso, lo espero en el sofá. Él me levanta y me acomodo a su pecho y a su hombro. Así, volvemos a sentarnos de vuelta y es entonces cuando me duermo al instante. No pasan ni diez segundos antes de que pase a olvidarme de mí misma en sus brazos.

Al día siguiente me quedo pensando en algo que me inquieta. Al parecer, la gente adulta no descansa. Y no descansa porque ha olvidado que, para hacerlo, se precisa tener un hombro, uno en el cual recostar la cabeza para que, allí, el cerebro apague el interruptor y se quede a oscuras, sin su sol.

Zzzzzzzzzzzz.

Decir “hacer” o “no hacer” es lo mismo

beautiful cheerful little girl playing hopscotch on playground

Hay cosas que aún no puedo explicar. Una de ellas es la razón por la cual si me dicen que no haga algo, lo hago. De los dos, mami es la que me entiende y, en lugar de gritar un “no hagas eso”, me pregunta por cualquier tontería que aparta mi mente de lo que pretendía hacer y que a ella no le parecía bueno. A papi aún le falta mucho por aprender porque su mente parece una línea recta, pone los ojos sobre algo y todo lo que está a su alrededor desaparece. Por eso se enoja conmigo al pensar que nunca lo escucho, que no lo respeto ni le hago caso. ¡Qué tontería!

Mami, por el contrario, piensa como en ondas que suben, bajan y se van por los lados. Yo puedo ver esas ondas zigzagueando a mi lado. Debo decir que me producen consuelo porque siento que me protegen hasta de mí misma. También de hacerle daño a la distraída de Tutti, que vive en la luna como mi papá.

Ambos, papi y mami, son diferentes al extremo. Yo, sin embargo, cuando crezca, quiero ser los dos a la vez, porque cada uno tiene su encanto y sería una maravilla ser dos veces encantadora; ser la línea y ser la onda, si no es mucho pedir.

Nada me agota

little girl runnig to the sunset

Por lo regular, tengo mucha energía. A mí sólo me detienen el sueño y un cuento interesante que me haga mi mamá. En segundos recorro todo el piso porque me gusta correr. Saltar en la cama, comer deprisa y ensuciarme, morder a Tutti, bajar de cabeza por el Tobogán, bañarme tres veces al día y beberme el agua de jabón, salir como un rayo del baño cuando me intentan lavar los dientes: todo eso se me da muy bien.

Poco hay en la vida que me agote y, gracias a Dios, tanto papi como mami empiezan a entender algo que muchos de los padres de mis amiguitos confunden, tener mucha energía es sólo tener mucha energía, no es portarse mal. Los gritos han cesado, el enojo ha menguado, y yo sigo corriendo.

En la mente de Dios

Homework

Sólo después de yo nacer mis padres cayeron en la cuenta de que habían dado un paso que cambiaba para siempre el sentido de sus vidas. Yo no era un contrato que podían cancelar ni una pieza alquilada que podían devolver cuando se cansaran de ella. La alegría de mis padres se fue evaporando con el sol de mi llanto de media noche. Papi comenzó a decir que ya no podía dormir, que ya no tenía un momento de paz en la casa.

Eso no fue todo. Las noches de salida se acabaron. Se acabó abrazarse en las salas de cine, conocer un nuevo restaurante, salir con los amigos. De pronto, mis padres sólo querían verme dormida porque únicamente en esos minutos ellos podían volver a sus teléfonos, a sus correos; a ver una película mientras se bebían un té. Vivi era la niña más bella del mundo cuando estaba dormida; la más fea cuando, despierta, sólo pedía comida y atenciones.

Hoy, dos años después, mis padres han olvidado lo que eran sus vidas antes de mí porque ahora sonríen más cuando me acompañan a jugar y ya no intentan obligarme a dormir, hipnotizándome con relojes de bolsillo. Hoy dejan que el sueño llegue cuando tiene que llegar, relajados, por fin.

A veces, sin embargo, se quedan distraídos. Tal vez pensando en todo lo que pudieran hacer si yo no hubiera nacido, si aún estuviera dormida en la mente de Dios.

El juego más grande del mundo

girl and father with kite at sunset

Mis padres juegan con mi mente, y lo hacen bien.

A veces el único objeto que ocupa mi mente es un trozo de queso fresco y ellos, sin tocarlo, sin empujarlo, logran desplazarlo para colocar, en su lugar, unas uvas o un pedazo de pan. Yo grito, pataleo, me golpeo la cabeza con la pared mientras pido mi queso y, sin darme cuenta, al rato, estoy recostada en el sofá comiendo uvas como una tal Cleopatra mientras mami se bebe su café, tranquila. ¡Ni me acuerdo de lo mucho que ansiaba mi queso!

Yo supongo que también el mundo funciona así, porque la mente parece una mesa que en la que sólo se puede colocar un plato a la vez. Todos juegan con todos en los tableros de sus mentes, incluso yo, que ahora estoy aprendiendo a jugar.

El cadáver

Беременная мама обнимает дочку

Tutti, mi hermanita de siete meses, ocupa un lugar dentro, en los corazones de mis padres. Yo, que lo quiero todo para mí, me afano en vano por hacerme con todo ese espacio.

A veces empujo con violencia; a veces muerdo con rabia; a veces presiento que terminaré fuera hasta de mí misma para no ocupar ni mi propio cuerpo.

El amor que se consigue por la fuerza es el cadáver del amor.

Yo no sé 1

Anonymous crowd of people walking on city street

Yo no sé porqué la gente tiene hijos y, luego, sale a trabajar. Neandertales hubo que parían y sólo se desprendían de las crías cuando las mismas se hacían independientes, me dijo alguien.

Yo no sé porqué la gente trabaja y se lía en faenas que no les causan ninguna satisfacción.

Yo no sé porqué papi se va mientras mami se queda, y al revés.

Algo sé. Yo no quiero crecer para ser como papi y mami.