Brilla

Papi, hablándome en sueños:

El día de hoy estuve poniendo etiquetas de precio a varios productos en el negocio y pensé en ti, en cómo me gustaría que, en un futuro, cuando tengas la oportunidad de decidir a qué oficio dedicar tu vida, optes por la libertad de una profesión o un quehacer que te permita ser creativa, que te ofrezca la oportunidad de conocerte mejor. Elige un oficio en el que puedas aportar algo al mundo, algo diferente y original, y evita la monotonía de las tuercas que se colocan una tras otra en una máquina que no sabes para qué servirá y ni a quién le será útil. Ignora la llamada materialista de cambiar tu tiempo por bienes con los que, luego, te aburrirás, porque el sentido de la vida plena se enemista con la acumulación irracional de objetos que no llenan nuestras almas. Lo que verdaderamente satisface nuestra sed, ni se ve, ni se toca,… es intangible. Pero cuidado, no lo es a la manera en que lo son un software o una aplicación para teléfonos móviles. Eso sólo distrae y aleja y embota tu sensibilidad. Corre, aléjate de esos nidos de muerte que son los lugares en los que las mentes de la mayor parte de los jóvenes y adultos del mundo van a beber cultura, porque ahí te empantanarás y no sabes hasta dónde podría llegar ese lodo dentro y fuera de ti.

Vivi, sé tú misma, no pierdas tu tiempo copiando la vida de nadie, siguiendo los pasos de una que presume de lo dichosa que es. El que presume carece de autenticidad y da muestras de no haberse encontrado consigo mismo.

No te vendas a nadie por nada. No vendas tu tiempo, no lo canjes por basura, ni por títulos, ni por dinero, ni por halagos. Úsalo sabiamente, inviértelo en la búsqueda de la verdad, de lo que eres, del universo, del ser y, al ser tú misma, en medio de dicha búsqueda, deja que tu luz se desplace por ese universo. Brilla, mi niña.

!Feliz Navidad!

Entonces, papi me dijo: estamos cambiando, Vivi. Nos estamos conociendo un tanto más y, por ende, estamos madurando. Pronto tendrás cinco años y, desde hace unos meses, estás más cerca de tu madre que de mí, luego de cuatro años de mucha proximidad y afecto entre ambos. No es que sea malo, sino todo lo contrario. Estás dando pasos. Te aproximas a ti misma, tomas conciencia, aprendes a ver con tus propios ojos y a discriminar desde tu propio ser. Han sido unos años con altibajos similares a los de un tren de parque de diversiones. Tanto a ti como a mí la vida nos ha puesto el corazón en la boca y, luego, de súbito, en el estómago. Qué cosa más extraña es esa de los días que pasan y que eso, nada más, sea vivir. ¡Feliz Navidad, mi amor!

El único destino aceptado y asequible

Powerful Shot of Sad Child

En el piso hay un papel que no quieren que lea. Allí, un lienzo que no debo tocar. En la puerta otras puertas que, para mí, no deben siquiera existir. Aquí una palabra que no debo pronunciar, o un gesto prohibido a mis manos o un movimiento que, por riesgo de tocar otro cuerpo, mis piernas no deben hacer. Me siento encerrada en un ataúd, nueva cenicienta que no quiere beso pero sí despertar. Que no espera príncipe, pero sí libertad. Papi, sin embargo, piensa que educar es eso, adaptar los niños a su cultura para que, luego, su cultura los acepte. Teme por mí. Me ve de continuo caminando por el borde del acantilado, como todos los niños de mi edad, creo, y me hala hacia él para protegerme de mí, de mi anhelo de estirar el aire, de alargarlo para hacerlo respirable, al fin. Su lucha es hacerme entender absurdos risibles: que se es libre perdiendo la libertad, que crecer es empequeñecerse, que aprender a hablar es tomar de la boca ajena sus palabras para luego pronunciarlas en sus acentos y hacer a los demás felices porque, al parecer, ese es el único destino aceptado y asequible y, en definitiva, la clave de mi auténtica felicidad.

Llorando bajito

little girl bullying in school classroom

Papi a Mami mientras compartían el café:

“Muchos años atrás, cuando aún estudiaba en la universidad, alguien nos regaló una perrita muy alegre. Tenía una energía que nada gastaba. Al principio todos gozábamos con ella pero, al crecer, esa perrita inquieta comenzó a maltratar las flores del jardín, a orinarse y defecar donde le placía. En poco tiempo el patio se convirtió en un campo de batalla. Nadie en casa tenía ni los conocimientos ni la paciencia para dedicarse a entrenarla así que se optó por llevarla al veterinario para que la vendiera.

Pasó un mes y no supimos de ella. Al final, un día de esos, nos llamó el veterinario para decirnos que la perrita nadie la quería, que la pasaran a buscar por el hospital porque le ocupaba espacio y no estaba dispuesto a seguir alimentándola. Cuando mi mamá la trajo, estuvimos todos boquiabiertos. La perrita había crecido, pero estaba sumamente delgada y la alegría se le había desvanecido. Se pasaba el día viendo la nada, no saludaba, no ladraba, no comía. Fue lo que le sucedió luego de pasarse un mes completo encerrada en una jaula de tres pies por tres pies pidiendo amor sin que se lo dieran”.

Mami a Papi:

“Es una historia muy triste. ¿A qué viene el cuento?

Papi a Mami:

“Cuando llevé a Vivi al colegio, hoy en la mañana, iba inquieta, conversadora, sonriente y la dejé llorando en el aula, junto a otros cuatro niños que lloraban igual. Cuando la fui a buscar, cuatro horas después, no parecía la misma. Estaba apática, distante. No me dirigió la palabra en todo el trayecto. Me pregunto si todo este sistema escolar no está hecho sino para eso, para quitarnos de encima unos hijos que nos agotan, que nos parecen indomables y nos rompen los jarrones para que los encierren y, luego, nos los devuelvan con los ojos vacíos, apagados”.

A Mami, el comentario no pareció caerle bien. Tal vez sería el café. Se puso de pie y se fue a llorar a la habitación. Bajito, para que nadie la escuchara.

Juego, libertad y confianza

Two beautiful little girls swinging on swings on playground with smile on sunny summer day

Ya en el parque de diversiones, la señora y sus tres hijos estaban impresionados conmigo por la agilidad con la que me veían balancearme de los tubos. Papi, desde muy pequeña me ha permitido hacer lo que quiera en el parque, siempre con una mano cerca de mi espalda o agarrándome una mano. Con el tiempo, ha terminado confiando en mí. Durante el aprendizaje, me caí unas cuantas veces y ambos sabemos que esas caídas me enseñaron dónde colocar mis manos y mis pies. Por las palabras que me dirigen, aprendo poco; la cosa es diferente cuando hago las cosas por mí misma. Y hacer me fortalece, me da confianza en mí misma, levanta en mi interior muros infranqueables. Esos niños grandes y pusilánimes de aquella señora me dan pena, les espera mucho sufrimiento por delante si no se entregan a vivir sus vidas y a hacerse fuertes desde ya.

La edad más difícil

young boy running

Ayer salí con papi a dar un paseo. Primero fuimos a comprar algo de comida, luego nos metimos en una juguetería a divertirnos gratuitamente con unos juguetes que no teníamos intención de comprar. Finalmente, terminamos en un parque. Como es lo normal, estaba muy animada y me sobraba energía. Me descalcé y salí corriendo como si me persiguiera un perro. Le di par de vueltas al parque a toda marcha con papi detrás de mí llamándome a gritos. Jajaja, me gusta hacerlo sufrir de vez en cuando. Intenté dos veces salir del parque y tirarme a la calle pero él me lo impedía, acelerando el paso e interponiéndose en mi camino. A la segunda, pasaba por allí un señor mayor, de algunos setenta y tantos años que dijo:

– Esa es la edad más difícil –luego de decir eso, continuó su camino.

Papi se levantó –estaba arrodillado limpiándome los pies y aún me agarraba por la mano-, intentó responderle al señor mayor pero, al parecer, entendió que perdería su tiempo haciendo cualquier comentario. En su lugar volvió a inclinarse hacia mí y me dijo:

– Vivi, no hay edad difícil ni maravillosa. Que sea de un modo u de otro dependerá de ti. Siempre de ti –hizo una pausa y agregó:- ese señor, si no tiene diabetes, osteoporosis o Alzheimer, lo tendrá dentro de poco. A ti te espera, por el momento, jugar mucho y aprender más. Pero él parece no verlo.

Yo no sé qué es todo lo que puede tener ese señor, pero debe ser malo, si papi lo dijo.

Después del incidente seguimos corriendo y, tras una vuelta más, agotada, papi me lavó los pies en una fuente que hay por allí y nos fuimos a la casa a hacer de nuestras vidas una experiencia maravillosa, porque así lo habíamos decidido en secreto.

Los adultos no saben descansar

Baby girl sleeping

Son las siete y media de la noche. Papi acaba de llegar a casa y salgo de la habitación, corriendo, a saludarlo. Me besa, me abraza y luego pide permiso para bañarse. A su regreso, lo espero en el sofá. Él me levanta y me acomodo a su pecho y a su hombro. Así, volvemos a sentarnos de vuelta y es entonces cuando me duermo al instante. No pasan ni diez segundos antes de que pase a olvidarme de mí misma en sus brazos.

Al día siguiente me quedo pensando en algo que me inquieta. Al parecer, la gente adulta no descansa. Y no descansa porque ha olvidado que, para hacerlo, se precisa tener un hombro, uno en el cual recostar la cabeza para que, allí, el cerebro apague el interruptor y se quede a oscuras, sin su sol.

Zzzzzzzzzzzz.

Decir “hacer” o “no hacer” es lo mismo

beautiful cheerful little girl playing hopscotch on playground

Hay cosas que aún no puedo explicar. Una de ellas es la razón por la cual si me dicen que no haga algo, lo hago. De los dos, mami es la que me entiende y, en lugar de gritar un “no hagas eso”, me pregunta por cualquier tontería que aparta mi mente de lo que pretendía hacer y que a ella no le parecía bueno. A papi aún le falta mucho por aprender porque su mente parece una línea recta, pone los ojos sobre algo y todo lo que está a su alrededor desaparece. Por eso se enoja conmigo al pensar que nunca lo escucho, que no lo respeto ni le hago caso. ¡Qué tontería!

Mami, por el contrario, piensa como en ondas que suben, bajan y se van por los lados. Yo puedo ver esas ondas zigzagueando a mi lado. Debo decir que me producen consuelo porque siento que me protegen hasta de mí misma. También de hacerle daño a la distraída de Tutti, que vive en la luna como mi papá.

Ambos, papi y mami, son diferentes al extremo. Yo, sin embargo, cuando crezca, quiero ser los dos a la vez, porque cada uno tiene su encanto y sería una maravilla ser dos veces encantadora; ser la línea y ser la onda, si no es mucho pedir.

Nada me agota

little girl runnig to the sunset

Por lo regular, tengo mucha energía. A mí sólo me detienen el sueño y un cuento interesante que me haga mi mamá. En segundos recorro todo el piso porque me gusta correr. Saltar en la cama, comer deprisa y ensuciarme, morder a Tutti, bajar de cabeza por el Tobogán, bañarme tres veces al día y beberme el agua de jabón, salir como un rayo del baño cuando me intentan lavar los dientes: todo eso se me da muy bien.

Poco hay en la vida que me agote y, gracias a Dios, tanto papi como mami empiezan a entender algo que muchos de los padres de mis amiguitos confunden, tener mucha energía es sólo tener mucha energía, no es portarse mal. Los gritos han cesado, el enojo ha menguado, y yo sigo corriendo.

En la mente de Dios

Homework

Sólo después de yo nacer mis padres cayeron en la cuenta de que habían dado un paso que cambiaba para siempre el sentido de sus vidas. Yo no era un contrato que podían cancelar ni una pieza alquilada que podían devolver cuando se cansaran de ella. La alegría de mis padres se fue evaporando con el sol de mi llanto de media noche. Papi comenzó a decir que ya no podía dormir, que ya no tenía un momento de paz en la casa.

Eso no fue todo. Las noches de salida se acabaron. Se acabó abrazarse en las salas de cine, conocer un nuevo restaurante, salir con los amigos. De pronto, mis padres sólo querían verme dormida porque únicamente en esos minutos ellos podían volver a sus teléfonos, a sus correos; a ver una película mientras se bebían un té. Vivi era la niña más bella del mundo cuando estaba dormida; la más fea cuando, despierta, sólo pedía comida y atenciones.

Hoy, dos años después, mis padres han olvidado lo que eran sus vidas antes de mí porque ahora sonríen más cuando me acompañan a jugar y ya no intentan obligarme a dormir, hipnotizándome con relojes de bolsillo. Hoy dejan que el sueño llegue cuando tiene que llegar, relajados, por fin.

A veces, sin embargo, se quedan distraídos. Tal vez pensando en todo lo que pudieran hacer si yo no hubiera nacido, si aún estuviera dormida en la mente de Dios.