Entonces, papi me dijo: estamos cambiando, Vivi. Nos estamos conociendo un tanto más y, por ende, estamos madurando. Pronto tendrás cinco años y, desde hace unos meses, estás más cerca de tu madre que de mí, luego de cuatro años de mucha proximidad y afecto entre ambos. No es que sea malo, sino todo lo contrario. Estás dando pasos. Te aproximas a ti misma, tomas conciencia, aprendes a ver con tus propios ojos y a discriminar desde tu propio ser. Han sido unos años con altibajos similares a los de un tren de parque de diversiones. Tanto a ti como a mí la vida nos ha puesto el corazón en la boca y, luego, de súbito, en el estómago. Qué cosa más extraña es esa de los días que pasan y que eso, nada más, sea vivir. ¡Feliz Navidad, mi amor!
