Ya en el parque de diversiones, la señora y sus tres hijos estaban impresionados conmigo por la agilidad con la que me veían balancearme de los tubos. Papi, desde muy pequeña me ha permitido hacer lo que quiera en el parque, siempre con una mano cerca de mi espalda o agarrándome una mano. Con el tiempo, ha terminado confiando en mí. Durante el aprendizaje, me caí unas cuantas veces y ambos sabemos que esas caídas me enseñaron dónde colocar mis manos y mis pies. Por las palabras que me dirigen, aprendo poco; la cosa es diferente cuando hago las cosas por mí misma. Y hacer me fortalece, me da confianza en mí misma, levanta en mi interior muros infranqueables. Esos niños grandes y pusilánimes de aquella señora me dan pena, les espera mucho sufrimiento por delante si no se entregan a vivir sus vidas y a hacerse fuertes desde ya.
