La edad más difícil

young boy running

Ayer salí con papi a dar un paseo. Primero fuimos a comprar algo de comida, luego nos metimos en una juguetería a divertirnos gratuitamente con unos juguetes que no teníamos intención de comprar. Finalmente, terminamos en un parque. Como es lo normal, estaba muy animada y me sobraba energía. Me descalcé y salí corriendo como si me persiguiera un perro. Le di par de vueltas al parque a toda marcha con papi detrás de mí llamándome a gritos. Jajaja, me gusta hacerlo sufrir de vez en cuando. Intenté dos veces salir del parque y tirarme a la calle pero él me lo impedía, acelerando el paso e interponiéndose en mi camino. A la segunda, pasaba por allí un señor mayor, de algunos setenta y tantos años que dijo:

– Esa es la edad más difícil –luego de decir eso, continuó su camino.

Papi se levantó –estaba arrodillado limpiándome los pies y aún me agarraba por la mano-, intentó responderle al señor mayor pero, al parecer, entendió que perdería su tiempo haciendo cualquier comentario. En su lugar volvió a inclinarse hacia mí y me dijo:

– Vivi, no hay edad difícil ni maravillosa. Que sea de un modo u de otro dependerá de ti. Siempre de ti –hizo una pausa y agregó:- ese señor, si no tiene diabetes, osteoporosis o Alzheimer, lo tendrá dentro de poco. A ti te espera, por el momento, jugar mucho y aprender más. Pero él parece no verlo.

Yo no sé qué es todo lo que puede tener ese señor, pero debe ser malo, si papi lo dijo.

Después del incidente seguimos corriendo y, tras una vuelta más, agotada, papi me lavó los pies en una fuente que hay por allí y nos fuimos a la casa a hacer de nuestras vidas una experiencia maravillosa, porque así lo habíamos decidido en secreto.

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