Tutti se puso de pie hace dos días y, desde entonces, no se habla de otra cosa en la casa. Mami le dice a todo el mundo que está impresionada con lo rápido que está evolucionando y papi sonríe, orgulloso, mientras la ve gesticular exageradamente.
En cuanto a mí, hace tiempo que escucho la misma algarabía sólo cuando me como todo lo que se me pone en el plato. A Tutti le espera comenzar a caminar, lo cual conseguirá en un mes al ritmo que va. A mí, ¿qué me espera? ¿Comer más? ¿Engordar?
¿Qué hay que hacer para que nuestros padres sigan viéndonos como el día en el que salimos del vientre y arribamos a sus brazos?
